Lucha por enterrar al hombre que fue
RECUERDA sentirse como una niña desde siempre. Una niña en el cuerpo de un niño.

Nunca olvidará ese día lejano cuando tenía cinco años y le dijo a su mamá, con inocencia, que era una niña. Este comentario podría parecer absolutamente natural para algunos, pero en aquel momento esa niña era un varón que se llamaba Alexis. Se supone que le gustara hacer lo mismo que a sus amiguitos de kindergarten. Pero él lo que quería era jugar con muñecas y estar con otras nenas.
Hoy Alexis es Alexandra Delgado. Tiene 34 años y hace dos que se sometió a una operación para cambiarse el sexo de hombre a mujer. Ahora se siente "normal", con una vida "ordinaria". Siente que su cuerpo finalmente responde a su mente y a sus emociones. Hoy es feliz, está enamorada y quiere vivir de acuerdo con esa normalidad.
Pero, esa vida normal ha sido amenazada abruptamente por la avalancha de publicidad que ha recibido su caso desde que el Tribunal Supremo de Puerto Rico decidió que en su acta de nacimiento debe permanecer que su sexo es masculino, aunque su nombre puede cambiar de Alexis a Alexandra. Siente que está "a merced de un tribunal retrógrado" y de un sistema de justicia que la ha "anulado".
Es que Alexandra ansía, casi con desesperación, esa normalidad que muchos toman por sentada. Ella siempre se sintió diferente, rara, "anormal". Quiere olvidar el hombre que fue y ser lo que es ahora: una mujer. Y así quiere que conste en su certificado de nacimiento en su licencia de conducir, para ser como todos los demás. Porque ella asegura que siempre ha sido una mujer, sólo que nació en el cuerpo equivocado.
"Desde que tengo conciencia siempre me he sentido mujer... Le decía a mi mamá que era una niña y ella me decía que yo tenía eso (genitales masculinos) y que era un niño. Peleaba con las otras nenas por las muñecas. En esa época no entendía lo que me pasaba, pero a los ocho años me enteré que un hombre se cambió el sexo en Dinamarca y en ese momento me di cuenta que había una solución a mi problema", recuerda Alexandra durante una entrevista extensa con PRIMERA HORA en un lugar tranquilo y privado que ella escogió.
Sería difícil pensar que Alexandra no es una mujer a juzgar por su apariencia física. Se arregla muy bien, lleva poco maquillaje y tiene el pelo largo. Tiene una piel lozana y una mirada profunda. Su voz es firme y su verbo contundente. Mantuvo exactamente la misma posición durante la entrevista, con la espalda recta y pocas veces gesticuló con sus manos. Al principio se mostró nerviosa y desconfiada. Porque cualquier atisbo de quebrar su vida normal la descompone.
–¿Cómo fue tu adolescencia? Esos años tan difíciles.
–No fue fácil, por el discrimen, por lo mismo que tengo miedo ahora. Miraba a los muchachos y me sentía mal. Me hubiera encantado tener una adolescencia normal... Perdí mi nombre, lo que me decían era la palabra obscena 'pato'.
–¿Tuviste alguna relación sentimental durante esos años?
–Si te refieres a un relación homosexual, nunca la he tenido. Mis relaciones han sido después de la cirugía. Yo era completamente asexual... A mi los hombres gay no me gustan, por más varones que se vean.
Alexandra viene de una familia unida. Sus padres todavía están juntos y tiene cinco hermanos. Aunque se les hizo difícil al principio, sus padres la han apoyado. Dice que su madre es su confidente y su mejor amiga. De hecho, a la primera persona a quien le confió que quería hacerse la operación fue a su mamá. De eso hace diez años.
"Cuando nací nunca me hicieron un examen cromosomático ni un examen hormonal, sino visual... Es bien fuerte mirarte en el espejo y no reconocerte y preguntarte: '¿por qué me siento así?', ¿por qué esa atracción hacia, en ese momento, mi mismo sexo? No es fácil", cuestionó en un tono reflexivo.
–¿Qué significa para ti ser una mujer?
–Una mujer no es solamente tener pechos y una vagina, sino un sinnúmero de cosas que hacen un todo: amor, comprensión, sabiduría, honestidad. Y eso es lo que soy yo.
Hace diez años Alexandra le dijo a su mamá que estaba "harta" de tener un cuerpo que no la representaba. Ahí comenzó, bajo el cuidado de un médico de Filadelfia, un largo y complejo proceso de terapias sicológicas y hormonales para convertirse en una mujer. Se hizo una implantación de senos y su cuerpo fue cambiando.
El 23 de mayo de 2003 Alexis entró a las 6:00 de la mañana a la sala de operaciones del Mt. San Rafael Hospital en Colorado. A la 1:00 de la tarde, Alexandra estaba en una habitación, sola, pero feliz, porque ya tenía el cuerpo que soñaba tener desde pequeña.
–¿Dudaste en algún momento?
–Nunca. Le pedí a Dios que si esto era una perdición que no me dejara salir viva de la operación.
Pasó nueve días en el hospital, tres en un hotel de Colorado y luego regresó a Puerto Rico, donde la cuidaron familiares y amistades. A las tres semanas ya estaba trabajando de nuevo.
–¿Cómo fue la primera vez que te miraste el cuerpo en el espejo después de la operación?
–Cuando me miré dije: 'hello, bienvenida, por fin soy yo'.
"Fue sentir un desahogo, un despojo. Soy una mujer, lo que siempre he querido ser. Tengo paz emocional porque eres finalmente lo que siempre quisiste ser", narró Alexandra emocionada.
Pero, esa paz emocional, esa normalidad, esa vida ordinaria como mujer ha sido perturbada por la vorágine legal de su caso. Cuando regresó a Puerto Rico decidió que quería que su acta de nacimiento y su licencia de conducir reflejaran su sexo, en otro intento por llevar esa vida normal.
Pero, la reciente decisión del Tribunal Supremo –con opiniones disidentes de Jaime Fuster y Liana Fiol–, negándole su petición le ha arrancado su intimidad y convertido en centro de atención. Y eso le preocupa, mucho, porque Alexandra asegura que nunca pensó que esto le pasaría. Estaba segura de que el Supremo resolvería de acuerdo con la sentencia del caso Ex Parte Andino Torres (2000), en el que se permitió cambiar el sexo de un transexual en su certificado de nacimiento.
Alexandra tiene miedo, está aterrada. Ahora, de repente, regresa a esa adolescencia miserable en la que era señalada, humillada y perseguida. "Sufrí tanto en mi adolescencia que no quiero sufrir así en mi adultez y vejez", dijo con una mirada triste y resentida a la vez.
"Por eso quise que se hiciera el cambio, para conseguir un trabajo. Imagínate tú, ¿cómo voy a pedir trabajo con un certificado de nacimiento que dice 'Alexandra Delgado, varón'? No quería que el sistema de justicia me anulara y me están anulando. Me han obligado a quedar en ridículo. No estoy pidiendo nada que no crea justo para una persona normal que quiere vivir una vida normal", subraya, ahora furiosa.
Alexandra, quien estuvo acompañada por su abogado José Luis Velázquez Ruiz, afirmó que no inició esta batalla legal para casarse, sino para sentirse "bien". Uno de los argumentos de la decisión es que si se cambiaba su sexo en el acta de nacimiento podría casarse con un hombre. El Código Civil de Puerto Rico sólo permite el matrimonio entre hombre y mujer.
"No me cambié de sexo para casarme, sino para ser una persona normal, como lo soy ahora. Les exhorto a los jueces que no piensen que me voy a casar, sino que tienen la vida de un ser humano en sus manos", dijo. Su abogado pedirá una reconsideración al tribunal.
–¿Cómo te has sentido durante este proceso judicial?
–Bien doloroso, escabroso. Estamos en esto desde el 2003. La decisión del Tribunal Supremo ha sido muy fuerte. Pero lo más difícil ha sido que saliera mi nombre en todos los medios de comunicación, porque pensé que esto sería confidencial.
A pesar de que era previsible que un caso tan polémico como el suyo llegara en algún momento al plano público, Alexandra asegura que nunca lo imaginó. Incluso, rechazó acercamientos de organizaciones de derechos humanos que querían iniciar una campaña a favor de su caso. Ahora tampoco quiere ser activista ni luchar por los derechos de los transexuales. Quiere estar en su casa, con su gente y ser una persona totalmente anónima.
Por eso se va a vivir a Estados Unidos, donde piensa que tendrá más oportunidades. Con un bachillerato en Educación y una maestría en Administración, graduada con promedios altos, Alexandra siente que no puede hacer nada. Su acta de nacimiento le da "vergüenza".
Su pasado vuelve siempre para atormentarla. Tiene amistades que saben que era un hombre, pero otras no.
–¿Crees que engañas a las personas a quienes no les has dicho que antes eras un hombre?
–No, estoy protegiendo mi intimidad. La gente no sale con un letrero a la calle que anuncia lo que hicieron en su pasado. Las personas tienen derecho a vivir una vida normal. No es lógico que le tenga que decir a todo el mundo que era un hombre, o un transexual, porque ése es mi pasado y como pasado se queda.
Alexandra ya no quiere hablar más. Quiere regresar a su vida normal, alejada de las preguntas, del protagonismo. Quiere pensar que algún día podrá tener una familia y un compañero. Quiere ser una mujer como cualquier otra.
"No me operé para hacerle daño a nadie. Yo sólo quería que mi cuerpo y mi mente estuvieran en una misma línea", dijo al despedirse.
