El sexo vende. Aunque esto no sea ninguna novedad, sí una gran verdad. Cada vez son más los anunciantes que se suman a este método de venta. Todo parece valer para que entren los productos por los ojos o los sentidos.

Pocos tabúes quedan por destruir en publicidad

En España esta técnica se introdujo desde principios de la Transición, pero ya se había demostrado eficaz mucho antes. En EE.UU., a mediados de los años sesenta, ya se podían observar anuncios cargados de erotismo que suponían siempre mejoras en las ventas. Estos mensajes, poco a poco, fueron dejando a un lado su carga más explícita para refugiarse en lo implícito una vez que la industria publicitaria ya había madurado. Hoy en día, lo sutil ha desbancado a lo explícito. Aunque también se haga uso de exageraciones en búsqueda del humor, el sexo y la publicidad subliminal suelen ir de la mano. El primer ejemplo de este caso lo encontramos en una publicación de la revista Time del año 71. En la contraportada podemos encontrar una botella de Gibey´s London Dry y a la derecha un vaso con unos sugerentes hielos que nos hacen leer la palabra “sex”.

Son más los productos que no tienen que ver directamente con el sexo los que hacen uso de la sexualidad en sus anuncios, mientras que los que tienen relación directa lo tratan de manera más sutil. Anunciantes de tabaqueras, bebidas alcohólicas y automóviles son los que más lo utilizan y, en no pocas ocasiones, se han llegado a ver denunciados por distintos colectivos, normalmente por femeninos. Recordemos aquel anuncio televisivo en el que Claudia Schiffer se desnudaba para conducir su Citroën Xara, supuso todo un récord en denuncias. Según los creativos publicitarios, el fin de estos anuncios es romper los tabúes que aún persisten, aunque cada vez queden menos. También afirman que cuando se trata este tema con humor, mayor atención se capta del público, por ello, ya no nos es de extrañar que hasta la homosexualidad, el sadomasoquismo o el exhibicionismo nos sean presentado en tono humorístico