Por la mañana siempre hay prisa y, encima... ¡se te han pegado las sábanas! Pero, aún y así, no quieres renunciar a empezar el día con una dosis extra de energía: esa que proporciona inmediatamente un rato (aunque sea escaso) de sexo. ¡No tienes porqué hacerlo! Sáltate los preámbulos.
¿Cómo es el camino hacia el éxtasis? Ardiente y pasional, siempre.

Pero, ¿pausado o rapidito? Susurros, besitos, roces y caricias... llevan su tiempo y no siempre disponemos de él. Si los minutos son escasos o, simplemente, te sientes encendida con una simple miradita... ¡Apresúrate! El sexo rápido es una excitante opción.

Las cenas, las palabras ardientes, las caricias salvajes son geniales, pero hay otras formas de experimentar placer. Y es mucho más inmediato. El sexo acelerado es una práctica y sencilla forma de terminar con la aplastante rutina.

Pero... si conviertes los encuentros acelerados en una constante, la rutina volverá a machacar, implacable, tu relación de pareja. Los abusos siempre cansan: si recurres exclusivamente a las aventuras fugaces y rapiditas tu vida sexual caerá en la monotonía y el tedio. Combina la prisa con la pausa.

Unos instantes de arrebato pasional hoy; horas y horas de retozos incansables mañana. Hay un momento para cada actitud.
En la mayoría de los casos, el éxito del sexo rápido, se debe principalmente al factor sorpresa. Lo más apropiado es que el placer instantáneo sea improvisado.

Un encuentro fugaz programado pierde parte de su atractivo. Sorprende y déjate sorprender; en cualquier momento y en cualquier rincón.

No te confundas: el sexo rápido no tiene porqué ser sinónimo de penetración apresurada. Para alcanzar el limbo, es fundamental conseguir un elevadísimo grado de excitación en pocos segundos. ¿Cómo? Disfruta de todo tu cuerpo: genitales, manos, boca... Deja que la imaginación se apodere (rápido, rápido) de tus instintos.

Hay quien se empeña en conjugar el sexo rápido con el mutismo. Una aventura acelerada y sin más comunicación que el mismo acto puede ser muy excitante. Pero tampoco debes olvidar la elevadísima capacidad de estimulación de las palabras. Usa el verbo para encender a tu pareja y para avivar la pasión.