El auge del sexo de pago
Una oferta exótica y asequible y la dificultad de muchos varones para aceptar la igualdad de la mujer hacen que, en la etapa de mayor permisividad sexual, la prostitución se multiplique

Nunca en la historia reciente de España ha sido tan fácil mantener relaciones sexuales: los jóvenes lo hacen desde una edad media de poco más de 17 años y la pérdida de influencia de la moral católica afecta en este aspecto a todas las generaciones al propiciar una gran permisividad. Y, sin embargo, la prostitución ha adquirido una dimensión desconocida. En un país en el que según todos los estudios -y la mera contemplación de la realidad en la calle- es fácil tener sexo gratis hay un número creciente de personas dispuestas a pagar por él. Una contradicción sólo aparente.
Aunque es una actividad que se mueve en el vidrioso terreno de la alegalidad y sus cuentas forman parte de la economía sumergida, la constatación del fuerte crecimiento de la prostitución es fácil. Basta con comprobar el elevado número de clubes que han ido poblando los extrarradios de las ciudades, grandes y pequeñas, y el creciente volumen de anuncios en los periódicos. Hay incluso otros datos muy ilustrativos al respecto aunque sean anecdóticos y parciales: una ONG sanitaria ha recibido consultas de casi 6.000 mujeres que ejercen la prostitución sólo en la Casa de Campo de Madrid. Tal es el volumen de actividad en la zona que, como bien sabe la Policía Municipal de la capital de España, muchas noches acuden hasta allí tantos varones para requerir los servicios de las prostitutas que se producen grandes atascos de automóviles en las carreteras que discurren por el interior del parque. Se habla siempre de prostitución femenina porque la masculina es, hoy por hoy, muy reducida.
¿Por qué tiene tanto éxito el sexo retribuido si es tan fácil encontrarlo gratis? Los especialistas consultados por este periódico dan cuatro razones fundamentales. La primera es de tipo económico: la oferta ha crecido y mejorado. «La prostitución es ahora muy barata. En su mayoría, son mujeres jóvenes, extranjeras y de físico espectacular», explica el ginecólogo José Gurrea. El sociólogo Carlos Malo de Molina plantea abiertamente la comparación. «Hace treinta o cuarenta años, la prostitución en España era cutre, insalubre, se ejercía en lugares poco agradables, por parte de mujeres de edad avanzada y, digamos, de estética baja». Todo eso ha cambiado. Ahora, caribeñas, brasileñas, europeas del este y centroafricanas copan el mercado con una oferta exótica.
Sumisión y riesgo
La segunda razón es de tipo psicológico. «Han cambiado las relaciones de pareja», explica el ensayista y profesor de Sociología de la Universidad Complutense Enrique Gil Calvo. «Muchos varones no logran formar una pareja o si lo hacen rompen enseguida. Las mujeres ya no aceptan relaciones de sumisión y enfrente hay hombres que huyen de las relaciones igualitarias. El resultado es que no se atreven a constituir nuevas parejas porque no encuentran mujeres que acepten ser dominadas». El desequilibrio se plasma en numerosas biografías de varones que permanecen solteros a edad avanzada o que han emprendido una carrera de relaciones en las que sus novias son cada vez más jóvenes. De esa incapacidad creciente de los hombres para una relación en términos de igualdad, añade Gil Calvo, viene el éxito de la prostitución.
La tercera causa que explica el auge de la prostitución es de índole afectiva: «Es cierto que ahora el sexo es más fácil. Hay más sexo en todas partes; pero el que no se paga puede ser muy comprometido para los casados, por los peligros inmensos que plantea a la pareja», comenta Gurrea. «Si se liga con una compañera, se arriesga un matrimonio. En cambio, si una mujer descubre que su marido se ha ido con una profesional le dirá de todo, habrá una bronca, pero el riesgo de que eso arruine la unión será menor».
La desaparición de los tabúes es la última razón que subyace en el incremento del sexo de pago. Gil Calvo cree que «la permisividad sexual autoriza ahora muchas prácticas que antes se entendían como 'viciosas'. La transgresión está al alcance de la mano». Y Gurrea es más explícito: «El sexo pagado es el sueño de cualquier varón. Las profesionales son sumisas y hacen de todo, incluidas muchas cosas que una mujer casada no querrá ni oír a su marido si éste se lo propone».
El cliente tipo
El resultado de todo ello es que el 27% de los varones de 18 a 49 años ha tenido relaciones sexuales con alguna prostituta y que casi el 7% lo ha hecho en el último año, según la reciente Encuesta de Salud y Hábitos Sexuales, del Instituto Nacional de Estadística. Algunos especialistas sostienen que si la franja de edad se estrechara hasta dejarla entre los 30 y los 49, la proporción de quienes han probado la prostitución rozaría el 40% y la de los clientes más o menos habituales se aproximaría al 10%.
«El cliente tipo -perfila Carlos Malo de Molina- es un varón casado, o uno que no lo está pero por edad o razones de otro tipo tiene dificultades para ligar. Desde luego, los chicos de 20 años, salvo excepciones muy contadas, no van a prostíbulos».
Hombres solos que no pueden o no quieren cultivar un contacto romántico, «algo que exige tiempo, dedicación, esfuerzo, cenas y regalos» para, como comenta Gurrea, un resultado incierto.
O bien, hombres en grupo. Buena parte del auge de la prostitución se ha alimentado gracias a congresos, ferias y asambleas de todo tipo, a los que asisten durante algunos días centenares de varones cuyas parejas están lejos. En eso, las cosas han cambiado mucho. Un estudio realizado en Andalucía revela que hasta hace bien poco el día de mayor volumen de negocio para los prostíbulos era el Jueves Santo: las mujeres se iban a la procesión y sus maridos...
Ahora, los hoteles de chicas se llenan sobre todo con ocasión de congresos o ferias. O cuando se produce alguna celebración importante: todavía se recuerda una reciente fiesta que una gran empresa española organizó para sus técnicos y directivos. Decenas de varones de aspecto normalmente severo de lunes a viernes se 'desmadraron' en un hotel habitado por señoritas esculturales, con todos los gastos pagados.

sabadellense dijo
no estoy de acuerdo.
tengo 22 años y utilizo estos servicios desde los 17.
13 Noviembre 2005 | 05:22 PM