Harvard, Boston y Chicago son sólo algunas de las prestigiosas universidades norteamericanas en las que circulan revistas pornográficas dirigidas y protagonizadas por sus alumnos. Las fiestas nudistas completan el cuadro.

Le prohibieron la manzana, sólo entonces la mordió. La frase ricotera resume un concepto que Estados Unidos se encarga de ejemplificar. La misma sociedad que respira conservadurismo, vota republicanos y pide leyes cada vez más represivas genera rebeldías de onda expansiva. Siempre mezcladas con publicidad y consumismo, por supuesto. Ese cóctel dio esta vez en una moda que crece: las revistas eróticas universitarias.

Dicho así suena difuso. Expliquemos, pues: estas publicaciones, que poco tiene que envidiar a la tradicional Playboy, son editadas, escritas y protagonizadas por los estudiantes universitarios. Es decir que son ellos quienes escriben, fotografían y también quienes posan como modelos.

Squirm: The Art of Campus Sex, fue la pionera. Comenzó en 1999 en el Vassar College. Luego de algunas prohibiciones para recibir financiación logró consolidarse en 2003 y, combinando erotismo con artículos sobre arte y literatura, hizo escuela. Tanto, que fueron sus autores quienes ayudaron en la publicación del primer número de H-Bomb, de la Universidad de Harvard, en febrero de 2004.

Su aparición provocó un estallido digno de su nombre: antes de salir a circulación el periódico Harvard Crimson la tildó de pornográfica, The Times, de Londres la llamó “ambición desnuda” y el Boston Herald la calificó como “revista nudista”. Sus creadoras, Katharina C. Baldegg, de 20 años y Camilla Hardy, de 21, rechazaron los calificativos en un comunicado leído por un portavoz de la universidad: “Lo que nos proponemos es dar una salida a la literatura y a otras expresiones artísticas, dos extremos demandados y necesarios. No somos una revista pornográfica”. A su vez afirmaron: “H-Bomb es un debate omnisexual sobre sexo y temas sexuales de estudiantes de Harvard, hecha por estudiantes de Harvard”. El magazine bianual de 60 páginas combina artículos de poesía, teoría psicoanalítica y estructuralismo francés con fotografías de estudiantes desnudos.

Pero sus nuevas compañeras de ruta ya no tienen tantos pruritos con los apelativos que les adjudiquen. En diciembre del año pasado, pero esta vez en la Universidad de Chicago, apareció Vita Excolatur, con 22 brillantes páginas en blanco y negro, en cuya portada una chica se masturbaba bajo su ropa interior. Dentro de la revista se pueden encontrar (además de fotografías con desnudos) desde debates sobre quién es el más sexy de los ayudantes de cátedra, hasta consejos sobre posiciones amatorias, análisis freudianos sobre el pene, o a su editora, Sida Xiong (22), contando su primera vez desnuda delante de un hombre.

Este año, con la aparición de Boink: The College Guide to Carnal Knowledge, la Universidad de Boston se animó a más. “Nuestra revista es porno. Se propone despertar el deseo, se propone excitar”. Así definió a esta publicación de 96 páginas una de sus fundadoras, Alicia Oleyourryk, de 21 años, quien ratificó sus dichos posando semidesnuda para la portada. “Con Boink pretendemos explorar un poco más allá de los límites. Hacemos una revista que a todos les interesaría leer, con la posible excepción de mi mamá”, agregó.

Se calcula que al menos diez universidades de Estados Unidos cuentan con publicaciones similares. Y —por si esto fuera poco y para completar la oferta— que al mismo tiempo una docena de casas de altos estudios realizan “eventos sexuales” para pasar el rato. Así, están las Condom Olympics (olimpíadas del preservativo), en la Universidad de Tufts y el festejo del Día Nacional del Sexo en Público, en la Western Washington University.

Por su parte, Yale —establecimiento donde se formó George W. Bush— organiza fiestas nudistas de las que circulan fotos por Internet. Y en ellas diversos weblogs (antipatiquísimos) afirman reconocer en una de las figuras que baila desnuda a Bárbara, su hija. La manzana no importaba, nada más la prohibición.